I
Desengaño y decadencia
Faltar pudo su Patria [1] al gran Quevedo,
Pero no a su defensa su poesía,
Ni faltó el preguntar con osadía,
A quien silencio avisa con el dedo.
¿Quién te arrumbó de la justicia al credo,
Quién caducó de ti tu valentía
Y hurtó su luz al luminoso día,
Y te oscureció con amenaza y miedo?
Dejada en la carrera de la suerte,
¿Qué fue de tu España y sus arrojos,
De su báculo, ayer, erguido y fuerte?
¿Qué hizo que el sol bebiera a sus antojos
Y que sólo en el recuerdo de la muerte
Hallaras tú donde poner tus ojos?
II
Caído en desgracia
Todo en el mundo está hecho de prisiones,
De trampa y de mentira farisea,
Sólo en Dios la verdad nace y se crea,
Sólo de él tomaste tus lecciones.
Sobre el tablero juegan los peones
De la intriga, que el valido emplea,
El impío brilla, el justo desea
Retiro, para orar sus oraciones;
Allí de la calumnia fue su hermana,
Bastarda de las siete capitales,
La envidia, condición del alma humana.
De infausto repertorio, los dinares,
Entre olivos doblaron la campana
Al nuevo Galileo entre olivares.
III
Prisión en San Marcos
De aquel Gaspar sin cetro mereciste
La gloria que con cárcel te negó,
La misma que otro cetro cercenó
De otro rey nacido para triste.
No he de callar por más... tú le dijiste
He de verle... en cadenas, respondió,
En San Marcos tu genio clausuró,
Tras su puerta ciega tu luz perdiste.
En ti quedó la guerra desarmada,
En ti quebrado el mástil alto y recio,
Tu nave sin timón, desarbolada.
Del valiente el pago es la emboscada,
Soledad, de los libres es el precio
Y el silencio, el precio de quien calla.
IV
En el señorío de la Torre
En la paz de estos desiertos retirado
Ya el postrer día con tus señas nombra,
La habla dolida, pesada la sombra,
En la hora de todos, en el día fijado.
De la carrera de la edad cansado,
La ley severa extiende su alfombra,
Desmoronados, tus muros escombra,
Todo te quita, porque tanto has dado.
Responde, Señor, a quien te implora,
Mira al poeta, su palabra inerme
A su cuidado ya la segadora.
Permite el llorar, la vigilia merme,
Que no hay peor llanto que el que no se llora
Ni peor sueño que el que no se duerme.
V
Conceptismo y sátira
Al oír de tu verso la ironía,
Su ritmo, su cadencia y su concierto,
Violento hipérbaton al descubierto,
Concepto, consonante y teología,
Torné blanca la hoja en que escribía,
Y en ella ensayé tu verbo cierto,
Zarpó mi nave y atracó en tu puerto,
Durmió mi noche y despertó tu día.
De sátira mordaz a lomos viene
Tu voz, que en escamel nunca se enfría,
En punzantes dardos tu verso suene,
Avive al ingenio que ayer dormía,
Al metro ajuste, a la figura ordene,
Donde tu letra habite habrá poesía.
VI
Francisco de Quevedo, el hombre
Madrid te hizo español, Ginés cristiano,
Gramático, severa Compañía,
Griego y latino la filosofía,
Lipsio de Lovaina,
esplendor hispano.
Alcalá te doctoró, te hizo humano;
Osuna, su amigo de más valía,
En el destierro anocheció tu día,
La espada, enemigo; el honor, villano.
Italia fue intriga y secreto frío,
Desengaño España y adverso invierno,
Tu enamorado polvo, amor baldío.
El mundo por de dentro, engaño externo;
La Torre, altísimo señorío,
Infantes descanso y reposo eterno.